"Tal como os veo ahora os vi un día en Zaragoza"

Son palabras del Fundador, P. Guillermo José Chaminade, dirigidas a los primeros
marianistas. Se las dijo lleno de inspiración y de ilusión; son palabras de exigencia y de
desafío. En ellas se entretejen la esperanza y la inquietud, la certeza y la búsqueda
apasionada de este padre y Fundador. Dejemos que el P. Chaminade nos hable de la
realidad marianista de cada día y del espíritu que la dio el ser.

         
           
"Tal como os veo ahora"      

El P. Chaminade ve nuestros rostros; y nos cuenta y sabe que llegamos a unos 1560 en el mundo. De ellos 1060 son religiosos hermanos y
500 religiosos sacerdotes. Entre éstos 3 son Obispos. Nacimos en Burdeos pero ahora se nos ve desparramados en 4 Continentes y en 30
países. El último en llegar ha sido Polonia y el último que hemos dejado es Nepal. Ve marianistas con los colores más diversos. Los ve
también de distintas edades. Son mayoría los que ya han gastado muchos años al servicio del Reino y pocos los jóvenes. El años pasado
murieron 40 y llegan a ser unos 135 los que se inician en la vida marianista y en período de formación.
El P. Chaminade nos ve entregados en tareas diversas: en difundir nuestro carisma convencidos que es un don del Señor a la Iglesia para el
mundo, en obras pastorales, en el trabajo de desarrollo humano y de construcción de una sociedad más justa y fraterna, en el apostolado de
la educación de la juventud- aquí se encuentra el grupo más numeroso- y en la expansión de la presencia evangelizadora en lugares nuevos.

Cuando mira con más atención nos ve con dos grandes preocupaciones: la pobreza que crece en la humanidad y el hecho que en nuestras
sociedades, aún los creyentes, no acertemos a vivir la comunión y la unidad en la diversidad. Por eso los marianistas gastan buena parte de
sus fuerzas en inculturarse a fin de echar raíces en esos lugares nuevos tanto en Asia como en África y para estar a tono con la realidad
cultural que por todas partes nos desafía y que la llamamos moderna o postmoderna y que se traduce en fenómenos que nos desconciertan
y nos interpelan tales como la globalización, el neoliberalismo, consumismo... En esas búsquedas y empeños el P. Chaminade nos anima
con sus palabras de siempre: Nova bella; el Señor quiere nuevas batallas, nuevas tareas. Además de vernos nos escucha y le gusta que le
preguntamos cómo se renueva y se refunda una Congregación como la nuestra; con su experiencia de los años vividos en una Francia
convulsionada por una revolución cultural, social y política recuerda que hay que empeñarse en tener buen vino, espíritu nuevo y que no
deben faltar para el vino nuevo los odres nuevos, las estructuras y formas apropiadas. Para más detalles, nos recuerda que consultemos
"Escritos y palabras" donde se está recogiendo lo que él escribió y dijo para transmitirnos el Espíritu que le animó cuando en el Pilar de
Zaragoza concibió la obra marianista. El sabe que estamos intentando reestructurar la Compañía; es decir, dar el cuerpo que le venga bien
a su espíritu, a su tamaño, a sus capacidades. Y para esta tarea nos susurra al oído que es importante recordar que reducirse no es morir;
puede ser el modo para dar un salto de calidad y crecer, en una palabra, para revitalizarse. Mira hondamente y descubre nuestro gran deseo
de "reproducirnos", de ser más fecundos, de multiplicarnos, de tener nuevos miembros. La obra marianista es magnífica y faltan obreros.
Somos pocos para mucho.
"Os vi en Zaragoza"    

De ello hace unos doscientos años. Fue en Zaragoza y en el Santuario de Ntra Sra del Pilar. Soñé con vosotros. El Señor me dio la gracia de
veros.

Os vi armados con una fe firme, con la fe del corazón; sintiendo que el mundo era pequeño para los deseos de un marianista.
Apasionados por la misión; haciendo renacer la fe y una fe que actúa por la caridad. La indiferencia religiosa siempre os dejaría
inquietos.


Os vi con María en el nombre (marianistas), en los labios, en el corazón, en la mirada. Intuí que un verdadero Marianista no podía vivir ni respirar más que para dar a conocer, amar y servir a María; eso mismo me pasó a mi. Su memoria estaba siempre entrañablemente presente en las comunidades y en toda la Compañía de María. Ella convocaba y reunía a los marianistas; les hacía hermanos; y sería María, también, quien os enviaba y os pedía hacer lo que El os dijera.


Os vi cuidadosos de la caridad; de una caridad que se llamaría espíritu de familia, vida comunitaria intensa, hospitalidad y acogida; de una igualdad fundamental entre los que integran los grupos y que sustenta la verdadera "unión sin confusión" que siempre os inculqué. Las comunidades eran siempre una autentica unidad apostólica que apoyaba, orientaba y evaluaba el trabajo de cada marianista. La Familia marianista la concebí como una comunidad de comunidades.


Os vi empeñados en que Jesús fuera siempre el centro de vuestra vida. Por eso os contemplé dedicando generosamente una buena parte de cada día a la práctica de la oración. Sin mucha oración no se entiende ni se puede vivir el carisma marianista. De eso estuve muy convencido desde un comienzo de esta obra.


Os vi cercanos a los jóvenes y los pobres. Vuestra generosidad llegaría sobre todo a entregar vuestra vida al servicio de los jóvenes y de los pobres. Estos dos amores no faltaban en el corazón del marianista; ellos movían vuestros pies y vuestras manos. Los jóvenes y los pobres os daban fuerza para hacer las opciones de cada día.


Os vi, en fin, compartiendo este espíritu y esta misión con los laicos. Os quise religiosos capaces de mostrar que también hoy se puede vivir el evangelio con todo el rigor de su letra y de su espíritu. Pero para vivir como religiosos marianistas debían compartir este carisma con laicos que también tuvieran la misma llamada. Para estos laicos, miembros de la Familia marianista, debíais ser religiosos y con ellos marianistas.

 

Lo que entonces vi en Zaragoza lo veo hecho realidad en algunos lugares hoy, en 1998. El carisma marianista es una pequeña antorcha que
se pasan unos otros, laicos a religiosos y religiosos a laicos, jóvenes a ancianos y ancianos a jóvenes, del hemisferio sur va hacia el norte y
del norte hacia el sur. Con esa antorcha van las ganas de que este don de Dios siga animando la vida de algunos cristianos que en unos
lugares les llaman Marianistes, en otros Marianistas, en otros Marianisti, en otros Marianist, en otros Marianisten... y que entendieron bien
mi visión cuando al terminar su último Capítulo General, hace dos años, escribían:
... Convocamos a la Compañía de María al vino nuevo de la solidaridad
y de la comunión con todas las personas.
Convocamos a todo los religiosos de la Compañía de María a modelar juntos,
con la ayuda de la gracia, los nuevos odres de la vida marianista reestructurada
y revitalizada desde el evangelio y la Regla de vida.
Sólo unos odres nuevos serán capaces de llevar el vino nuevo a nuestro mundo,
un mundo con una necesidad apremiante de la esperanza que Jesús vino a traer al mundoy de nuestro testimonio comunitario de fidelidad creativa" ( Caminos de esperanza, 11)
Así los vi, Señor, y a ti te los confío. Que lo que yo vi les ayude a descubrir el secreto de la fecundidad y de la fidelidad.